Desde que me vino la primera menstruación, siempre he sido una mujer muy cíclica. Recuerdo que ya desde el principio sentía mucha curiosidad por entender ese ciclo, y muy pronto recuerdo haber comprado un libro que hablaba sobre el método Billings y el método sintotérmico.
Me formé como facilitadora de este método.
Me apasionaba conocer mi cuerpo y saber detectar todos esos cambios que me decían: ahora estás ovulando, mañana te vendrá la regla…
Este conocimiento me ha permitido que, de las tres veces que he querido tener hijos, solo hicieran falta cuatro relaciones sexuales… ¡Y que conste que lo que falló en el primer intento fue porque quería una niña, y entonces hay que calcular unos días antes de la ovulación (por todo eso que se dice en “Radio Macuto”, de que el esperma masculino muere antes y el femenino es el que perdura)!
Conocer tan a fondo mi ciclicidad me ha permitido disfrutar de las relaciones sexuales con libertad, sin necesidad de métodos protectores, usando preservativos solo en días muy concretos.
Eso sí: dos hijos, una hija y tres cesáreas.
Fue durante la pandemia cuando me di cuenta de que algo dentro de mi útero no estaba bien… Notaba un bulto muy grande y tenía menstruaciones muy largas. Un día tuve que ir a urgencias y me dijeron que tenía un mioma gigante que debía extirparse. Me resistí y esperé 14 meses. Esperé hasta sentirme preparada para despedirme de él y de mi ciclicidad. Cuando me operaron, llevaba 5 meses pareciendo una mujer embarazada de 6 meses. No podía vivir con normalidad.
Me preparé para hacer un proceso de duelo por mi útero. Yo lo interpretaba como que mi maternidad ya había terminado y que mis hijos y mi hija ya debían volar solos. Con toda la familia, di gracias a mi útero por todo lo que me había dado… Y el seis de octubre de 2021, en tres horas, tras extirparme el útero, el cuello uterino y los ovarios… me convertí en una mujer menopáusica, sin pasar por un climaterio gradual.
Las tres cesáreas me pasaron factura en la operación por todas las adherencias. Hace 20 años, nadie te decía “tienes que cuidar tu cicatriz”, o “vigila las adherencias”, “haz fisiosexología”, o “las fascias del cuerpo se han cortado y hay que restablecer las conexiones energéticas”.
El hecho es que se me rompió la vejiga… Tres semanas con sonda.
La menopausia quirúrgica es como un shambala. El cuerpo completamente descompensado, problemas para dormir, sofocos que te hacen reír, y unos altibajos emocionales impactantes.
La propuesta ginecológica era clara: tratamiento hormonal sustitutivo (de pago porque era el mejor y no entraba por la seguridad social) sin preguntarme si tenía antecedentes de cáncer de mama en la familia. Xim pum.
Yo me dije a mí misma que tarde o temprano mi cuerpo debía adaptarse. Que, ya que estábamos en ello, así que termináramos el proceso.
Y aquí comenzó un camino muy solitario de búsqueda de quién me podía ayudar a llevar todo esto con dignidad. Digo en solitario porque ningún médico, ningún apoyo psicológico, ninguna enfermera… Incluso del hospital público me hicieron una visita a los seis meses y ¡¡¡nunca más me volvieron a llamar!!!
He buscado mucho y he encontrado mucho. He encontrado comunidades de mujeres como yo, Mujer Cíclica, Mujeres Sin Reglas, Inés de Lacalle… He encontrado una fisiosexóloga excelente que me ha ayudado a superar los dolores (Marta Torrón) y me ha explicado cosas que nunca en la vida me había explicado nadie sobre mi clítoris y mis músculos, sobre mi sexo… He buscado y he encontrado suplementos naturales para los sofocos, para el ánimo, semillas (Marta León), acupuntura…
Me he gastado mucho dinero en cuidarme. Pero me he cuidado. Porque lo merezco.
En mi caso es como si el climaterio se hubiera concentrado en un tiempo muy reducido.
Sin duda ha sido, y aún está siendo, un momento vital impactante. Una gran capacidad de introspección, una gran conciencia, intuición. Una búsqueda para reubicarme en el mundo en esta etapa vital. También una gran conciencia de la muerte y la vejez, y de la necesidad de planificarla.
En algunos momentos me he sentido muy culpable de no estar bien por la dinámica familiar que creaba y por la dinámica de pareja…
También ha tenido momentos de mucha rabia. Mucha conciencia de que yo, que he tenido tres hijos, tres embarazos, tres cesáreas, tres lactancias… He puesto el cuerpo y la salud en este proyecto vital y me han pasado factura. Esta conciencia de que la mujer en la maternidad pone el cuerpo y la salud y, en ningún caso, se reconoce lo suficiente, me ha generado realmente mucha rabia a nivel de pareja y a nivel social.
Como artista cantautora emergente a los cincuenta y dos años, he vivido la deshumanización de una industria musical y la ignorancia absoluta. También la discriminación no solo por edad, sino también por la voz. Las voces femeninas que cotizan en la industria deben ser voces muy «femeninas»: muy correctas, técnicamente perfectas, sensuales, susurrantes… Cuando yo canto, mi voz tiene una potencia y una presencia que incomoda a la industria musical.
Pero a pesar de todo lo que te he podido escribir, me siento fuerte y muy orgullosa de quién soy y hasta dónde he llegado. No echo de menos la juventud, nunca he aceptado mi cuerpo y ahora estoy reconciliándome conmigo misma, con mi cuerpo, con quién soy… y me quiero mucho a mí misma… y me doy diversos placeres porque no tengo que pedir permiso a nadie para vivir y ser quien soy.
