Hoja de ruta para transitar mi climaterio.
Hace tiempo que estoy revisando, sin ser demasiado consciente hasta hoy, cada área de mi vida: familia de origen, pareja, trabajo, amistades… Todo el mundo me cae mal… ¿Quizás seré yo la que no encaja? Todas están desubicadas, parece que ya no me pertenecen, que no resuenan conmigo, que no me ven. Yo tampoco me reconozco en algunos momentos, días, acciones, respuestas El encargo que me llegaba de estar disponible, presente, cuidando, sigue llegando. Me atraviesa desde la coronilla hacia el corazón, lo respiro, lo digiero, y cuando llega a la altura del ombligo, una barrera que nace de mi vientre, fuerte y brillante, dice: ‘Stop, ahora ya no quiero, los ovarios están cansados, ya no estamos disponibles al 100%.” Ya no escucho ataques, ya no priorizo tu tiempo, ya no me vacío recogiendo tu discurso. Ya no cedo. Ahora necesito tiempo y espacio.
Hoy ya sé lo que no quiero, todavía no sé cómo lo quiero a partir de ahora. De qué manera será… ya se verá. Preguntas que se amontonan en mi cabeza y toman forma de palabras en los cuadernos que escribo para arrojar luz sobre las fracturas que me van quebrando cuando estoy quieta, en silencio, escuchándome.
Placer de elegir quién me acompaña, otras mujeres, hombres sensibles que hacen de mi camino el suyo y también se fracturan en forma de preguntas. Delimitar las fusiones con otros, aceptar procesos personales.
Días de dejar brotar la rabia, la tristeza, aquello que ya no sirve… como la lava de un volcán que lo quema todo a su paso. En busca de las perlas que brillarán cuando pase la tormenta.
Haciéndome caso. Dándome permiso. Gestando a una nueva Núria poderosa, fruto de cuestionar las consignas del pasado, las sociales, las familiares, las tatuadas, las invisibles… llevarlas a la consciencia. Agradecer y soltar. Estoy aquí gracias a todo eso. Algunas ya no las necesito. Ahora las tengo a medida, a mi medida.
Y mientras pasa todo esto, mi cuerpo pide música, movimiento, danzar, bailar y también tumbarse al sol de la playa o a la sombra de un bosque. Mover el cuerpo y dar espacio al movimiento, a los giros y a los saltos. Para después disfrutar del no hacer nada, del placer de descansar un cuerpo agotado, de la lentitud que necesito y deseo, aflojar el ritmo y saborear… ¡Un contraste precioso y todo a la vez!
Se llama Climaterio y yo lo quiero disfrutar y reivindicar, por mí, por las que fueron, por las que somos y por las que vendrán.
Visibles y sin reglas damos miedo el patriarcado capitalista y católico (o musulmán o… da igual, religioso), ¿no crees?
Gracias por tu trabajo. Lo comparto.
¡Un abrazo, de climatérica a climatérica!
