La carta de CRM

Querida amiga,

Hace tiempo que no nos ponemos en contacto ni compartimos todo aquello que nos hace vivir de forma diferente y que hace referencia a todas las mujeres: el climaterio.

No te lo había contado antes porque son temas que no solem compartir y que guardamos para nosotras como tesoros escondidos, pero debo confesarte que cuando tuve mi primera regla, antes de los diez años, fue para mí más un trauma que una bendición, pero también he de decir que nadie me informó adecuadamente sobre aquella primera pérdida. Cuando me sucedió, sabía que algo iba a cambiar, pero no imaginaba que cambiarían tantas cosas al mismo tiempo. Por ejemplo, que me prohibieran (cosas de aquella época) jugar tanto en la calle con mis amigos, o dejar de hacer muchas cosas porque, de repente, me había convertido en una mujer. Por este motivo, ser mujer fue para mí una gran desilusión. Podría haber sido una alegría, pero no, todo eran inconvenientes. Además, si le añadimos que el cuerpo te cambia y te vas desarrollando por dentro y por fuera… la verdad, yo no quería hacerme mayor, demasiadas responsabilidades. No entendía mi cuerpo ni mi mente en aquellos momentos. A veces deseaba no ser mujer, porque todo eran inconvenientes. Fue con el tiempo que descubrí que la vida con la menstruación no era tan mala, solo había que aprender a vivirla de otra manera. Aprender a convivir con lo que nos toca por el hecho de ser mujeres. Y con la llegada de mi hija a este mundo, cambió la visión que tenía sobre las mujeres, ya que fue el día más feliz de mi vida. En ese momento, aunque tuve un parto complicado y peligroso, me alegré de ser mujer y de poder sentir la llegada de una persona dentro de mí.

La menopausia, al principio se fue yendo poco a poco y finalmente de golpe. Pensé, ¡qué bien! Pero empezaron otras alteraciones como dolores en los huesos, sofocos, alteraciones del carácter, ansiedades, y tuve que aprender a convivir con la menopausia con calma y resignación.

Ahora, después de muchos años, en la madurez, ya no tenemos una venda en los ojos. Hemos aprendido que la vida va muy rápido y que se debe disfrutar del tiempo que nos queda, de pequeños y grandes momentos, y mucho más, de todo lo que nos rodea: desde disfrutar de la lluvia hasta contemplar cada día que vivimos como un regalo, quedarnos fascinadas por los colores del cielo, azul, blanco, gris, rojizo, y disfrutar del sol, la playa, la arena, como una caricia a nuestro cuerpo. Sentir que formamos parte de todo. Aprender en esta nueva etapa a reír mucho y, sobre todo, olvidar todo lo que no nos pueda interesar, porque amiga mía, ya no tenemos tiempo para perder en banalidades, debemos perdonarnos y perdonar para vivir en paz. Ahora es nuestro tiempo para hacer todo lo que queramos hacer, sentirnos libres. Es el momento de disfrutar de nuestro tesoro, de nosotras mismas.

Un abrazo para todas las mujeres de este mundo.

CRM

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